Levanta, abre la ventana y mira al cielo, ¿te preocupa que llueva? No, disfrutas del aire y de los rayos de sol que llegan… ¿Por qué preocuparte entonces por lo que vives? ¿Por qué no … vivirlo?
Sigue de pie, mírate en el espejo y sonríe. Sonríe por todo lo que eres hoy. Mírate y disfruta hasta de los más pequeños complejos. ¿Por qué te vas a preocupar por lo que otros piensen de ti? ¿Por qué no sencillamente vivir en paz contigo?
Camina, y ahora, solo por un minuto, piensa en cualquier persona. ¿Qué recuerdas? ¿Una mirada, una sonrisa, un simple momento? Quizás un enfado, pero ¿y después? Da igual en quien hayas pensado, siempre ocurre lo mismo. Tendemos a recordar los malos momentos pero se nublan por los buenos a la larga.
Sigue caminando, ahora mira a esa persona que hace sentir que todo se va, que por una vez, hace sentir que aunque tu mundo esté temblando… merece la pena arriesgarse. ¿Sigues preocupándote?
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