sábado, 2 de julio de 2016

Álbum

No quiero un álbum que me haga parecer que tengo recuerdos, quiero recuerdos de verdad, de esos que erizan la piel, de esos que te hacen sonreír e incluso de esos que te hacen enfadar. 

No quiero un álbum con miles de fotos en las que aparezcan personas de las que mañana no recordaré ni su nombre, quiero fotos solo con aquellas personas que llegado el momento, podamos verlas y reírnos de ellas. Con esas personas que aunque no vea todos los días, están siempre. Con ellas.

No quiero amontonar fotos en móviles y cámaras que no tengan sentido porque no importan, quiero las fotos necesarias para cuando no me acuerde de algo poder tenerlo ahí para recordármelo. Que verlas me traigan sentimientos y no momentos, porque no hay nada más bonito que sentir que el recuerdo de algo sigue vivo. 

No quiero un álbum vacío aunque tenga miles de fotos, quiero la cabeza llena de recuerdos que contarle a la gente que me rodea y la capacidad de transmitirlo con la mayor emoción del mundo. 

Quizás por no querer nada de eso he aprendido a amar el hecho de estar con otra persona sin tener tecnología de por medio. Quizás porque me he dado cuenta de lo vacío que sería contar que nos sentamos en la misma mesa a hablar pero con otras personas por un móvil, que no nos miramos a la cara, que no nos sonreímos sino al marchar. Y es por eso que cada vez me sorprende más cuando veo una mesa llena y cada uno mirando su pantalla, solo hablando entre ellos para sacarse una foto, ¡postureo allá donde lo haya! Porque la foto que haga parecer que tiene amigos no puede faltar. Probablemente ni se acuerde de su nombre al día siguiente porque ni siquiera le importa, porque solo la ve de tres al cuarto; pero es esa persona, la que se mantiene ahí, con la que debería crear recuerdos. 


sábado, 14 de mayo de 2016

Allá donde vayas


Desde hace tiempo no paro de escuchar comentarios al nivel de “una chica con ropa deportiva no es sexy”, “¿un pantalón deportivo? que feo es eso”.
¿Perdón? Gente, despertad de una vez. Confundimos sexy con enseñar, ¿cierto o no? Cuando pensamos en una chica sexy, tendemos a imaginar una persona en ropa interior o, en su defecto, en un traje corto y embutido.
¿Realmente este es el punto en el que nos encontramos? Hablamos de una sociedad de igualdad, y en pleno siglo XXI sigo sin verlo. Al contrario, sigo viendo una sociedad machista en donde la mujer se aprecia como icono sexual.

Muchas veces pienso en los pequeños avances que se han conseguido pero ¿de qué sirve si vas por la calle y escuchas comentarios de estos? Se define a una mujer por su vestimenta, pero lo peor es que estos comentarios provienen de ambos géneros. Una mujer no es sexy por la ropa que lleva, una mujer es sexy por su forma de ser, aprendamos eso. La ropa no viste a una persona, es la persona quien tiene que vestir la ropa. Es amoldar tu forma de ser a las prendas que llevas, es demostrar que da igual lo que lleves porque tienes confianza en ti. Para mí, eso es una persona sexy, una persona segura de sí misma, una persona que se ve bien con lo que lleva puesto aunque sea lo más ordinario que tenga en el armario.

Una persona puede ir vestida con las mejores marcas y con la ropa más bonita que pueda encontrar, pero ¿de qué sirve?. ¿De qué sirve si después habla y no sale de tres temas de conversación encasillados? ¿De qué sirve si es incapaz de vivir por sí mismo? ¿De qué sirve una buena vestimenta si no se es capaz de llevarlas con seguridad?
Dejemos de preocuparnos por las vestimentas de este u otro, centrémonos en ser felices con nosotros mismos y en mejorar nuestra autoestima. Vivimos en una sociedad basada en el disfrute del resto y no de la persona propia. Dejemos de encasillar a la gente por su vestimenta y, sobre todo, dejemos de ver a la mujer como icono sexual y nada más. Una mujer en ropa deportiva es igual de bonita que una con un escote.





lunes, 18 de abril de 2016

¿Arriesgas?

¿Nunca has tenido esa sensación de estar arriesgando todo lo que eres? Esa sensación agobiante de que estás a punto de derribar todo lo que has construido. Pero a la vez piensas, ¿qué puedo perder? Quizás el tiempo que has tardado en moldear esa estructura de hierro a tu cuerpo, a tus sentimientos… ¿Qué más dará? ¿Por qué nos preocupamos por lo que nos pueda doler a la larga? Y probablemente pensarás “habló la indicada”… A veces, los que lo han experimentado en su propia piel saben más de lo que parece. 

Levanta, abre la ventana y mira al cielo, ¿te preocupa que llueva? No, disfrutas del aire y de los rayos de sol que llegan… ¿Por qué preocuparte entonces por lo que vives? ¿Por qué no … vivirlo? 

Sigue de pie, mírate en el espejo y sonríe. Sonríe por todo lo que eres hoy. Mírate y disfruta hasta de los más pequeños complejos. ¿Por qué te vas a preocupar por lo que otros piensen de ti? ¿Por qué no sencillamente vivir en paz contigo?

Camina, y ahora, solo por un minuto, piensa en cualquier persona. ¿Qué recuerdas? ¿Una mirada, una sonrisa, un simple momento? Quizás un enfado, pero ¿y después? Da igual en quien hayas pensado, siempre ocurre lo mismo. Tendemos a recordar los malos momentos pero se nublan por los buenos a la larga.

Sigue caminando, ahora mira a esa persona que hace sentir que todo se va, que por una vez, hace sentir que aunque tu mundo esté temblando… merece la pena arriesgarse. ¿Sigues preocupándote?

 

martes, 5 de abril de 2016

¿Ya es tarde no?

Y cuando más inoportuno crees que es el momento, esa persona llega y te mira como esperabas que lo hiciera hace mucho tiempo. ¿Y qué más dará? te preguntas, ¿ya es tarde no?. Es esa persona a la que le dirás : “eres la indicada en el momento menos indicado”, y dejarás que se pierda el tren. Dejarás que se vaya por cobardía, no permitirás que entre en tu vida porque temes sentir algo y llegará el momento, ese preciso momento, en el que ya no esté y te arrepentirás de que no se quedara… "¿Por qué?” La verdad es que ya no importarán las causas, sencillamente será tarde. 

Nos excusamos en instantes para alejar a la gente, buscamos pretextos para no salir de nuestra zona de confort, para mantenernos seguros… Y así olvidamos que cuando la persona correcta llega, debemos aprovecharlo. Porque a veces no tienen que pedir que les queramos, lo haríamos de igual manera.

viernes, 25 de marzo de 2016

Y que me falte el mundo.

Y acostumbrada a que me falte el mundo, él le dio forma. Y ahora, más que nunca, me da igual que me falte, me da igual donde quede y de la misma manera, no me importan los principios y mucho menos los finales, no me importa la oscuridad y no me importa la luz. Me tengo a mí y por alguna extraña razón, él comparte esa alocada forma de vivir, ¿qué más da lo que quede entonces? Por mí, que me falte el mundo.

martes, 15 de marzo de 2016

You changed my mind


Retroalimentación. Sin duda, esa era la palabra que definía su estado actual. Seleccionando ideas, eliminando errores, mejorándose. Trabajando en su futuro, viviendo su presente, olvidando su pasado. Quizás a la larga no sirviera de mucho pero para ella era importante, en este momento nada podría hacer que se sintiese mejor. 
Nuevos objetivos, sí, eso era lo que necesitaba sin duda alguna, necesitaba motivarse con metas imposibles, o que simplemente se lo parecieran. Más de una vez corrió en dirección contraria cuando se le presentaron problemas pero esta vez no sería así, estaba decidida a enfrentarse a cualquier obstáculo. Ni siquiera pensaba lo que escribía en ese papel que tenía delante, solamente se dejaba llevar por lo que creía que precisaba. 
Antes carecía de valor y ahora le sobraba. ¿Qué más daba fallar? El camino hacia el éxito Hacía mucho tiempo que no salía todo lo que llevaba dentro, todo el coraje, toda la rabia acumulada por cada una de las veces que le habían fallado. Todo había pasado por algo, ahora lo sabía, todo cobraba sentido. Había más luz en la oscuridad de la que creía. 
Se levantó de la silla y se quitó las esposas que la tenían atada a ella. Le hablaban de venganzas pero su mente iba más rápido, había planeado todo, no le hacía falta ayuda, estaba sola. Nunca había estado tan cerca de ver la verdad con tanta claridad, no necesitaba a nadie más para cumplir toda su lista. Las venganzas no eran para ella, haría lo que tenía que hacer y todo acabaría. Saldría de esa, lo sabía. No importaba lo que dijeran ahora, ¿dónde estaba el problema? Ella era su único límite, la única persona que se había interpuesto para conseguir ser feliz, ¿el resto? Simples excusas que se ponía día a día. No quería involucrar a nadie, cogería sus cosas, haría la maleta y viajaría. Viajaría por cada punto de la lista a un sitio, cumpliría un deseo por lugar y volvería cuando estuviera totalmente completa. Sí, aunque había visto el fallo sabía que no estaba todo solucionado. Tenía que superarlo. 

Empezaría a eliminar problemas, a eliminar a cada persona que le había dañado en los últimos meses y abandonaría por completo la visión negativa. Sí, era su momento y ella lo sabía. Ya nadie más importaba. 


martes, 1 de marzo de 2016

Martes


Y sintiendo como las lágrimas caían se negó a seguir llorando por alguien sin nombre en su vida ya, cerró los ojos y dejó que los recuerdos volasen lejos. Nunca entendería porque cada vez que alguien la rozaba de esa manera sentía ganas de huir, creía olvidado todo el dolor pero los nervios volvían cada vez que llegaba un solo sentimiento, sí, esa no era ella. Le había costado mucho tiempo ser la dama de hierro, aquella chica que veía pasear el amor como si fuese un desfile ajeno a ella como para que cualquiera saltase la muralla. Se volvía a escudar en las mil y una excusas que tenía. Ojalá pudiese ver en lo que ella se había convertido, ojalá pudiese ver el sufrimiento que cargó para ser como es ahora. Y aún así, ella era la que seguía llorando y la que merecía sonreír.


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Martes


Nunca supo ubicar el origen de su odio a las relaciones, aunque más que odio era pánico. Ese temor a volver a ser dañada, sufrir, a llorar por alguien. No se permitía dar su corazón a nadie, se sentía bien en relaciones donde nadie la conociese, le permitía olvidar rápido y no tener que lamerse las heridas en su soledad. Ahora era sólo ella, ella y su dignidad, ella y su orgullo que la hacían esconderse bajo miles y miles de capas. Improvisó un guión en su vida, creó unas normas que la protegerían de cualquiera que quisiera acercarse más allá de sus límites. Pero sabía que no duraría para siempre…


Domingo

Me centré en construir una sólida estructura externa olvidándome completamente del interior. Aprendí a parecer muchas cosas, aprendí a parecer fuerte incluso a parecer tranquila ante cualquier adversidad, pero nunca aprendí a serlo.
Creí en el "primero tengo que confiar" y en el "para ti no ser solo una más" para ser capaz de mostrar mis emociones, daba igual de quien se tratase porque esas leyes nunca cambiaban.

Al final resulté ser capaz de despedirme pero no de aceptar la despedida. Porque decir 

adios es fácil, pero admitir que ese adios es para siempre es difícil. Siempre fui experta en decir te echaré de menos pero nunca en reconocer que no quería que te fueras. Me parecía débil decirte que te quedaras, que perdonaría todos tus errores y que cerraría cualquier herida que tuvieras. Hoy me doy cuenta de que fui cobarde, que nunca te dije que te aprecio, ni con palabras ni con gestos. Pero, ¿acaso importa? Si mis sentimientos nunca fueron importantes para ti, si fuiste tú la persona que se dio la vuelta y me dejó aquí.
Y ahora estoy aquí, en silencio y sin ser capaz de olvidar los momentos, sintiendo tu mano en mi mejilla aunque ya no esté. Recordando que cerraste la puerta y que yo sabía que no volverías a abrirla. Y noto como las lágrimas surgen de la nada aunque intente evitarlo. 

Pero, ¿sabes qué? A partir de hoy me centraré en construir un piso más, un piso que esconda mis emociones otra vez, nadie tiene que saber como me siento, nadie tiene que descubrir como se me desgarra el alma cada vez que escucho tu nombre. No me arrepentiré de nada porque con el tiempo he aprendido que arrepentirse no vale la pena, que hay que aprender de los momentos y darle las gracias tanto a los que te hicieron bien como a los que te hicieron mal. Me di cuenta que mi fuerte era mi capacidad para querer a la gente, aunque ellos ni siquiera me apreciasen. Y que sonreir era solo una pequeña muestra de ello.

Así que hoy intento ser feliz por mi, intento disfrutar la soledad aunque ya la aprecio. Porque hoy no me haces falta, porque solo me hago falta yo. O quizás me miento pero no me afecta. Construyo un piso más de la estructura externa y vuelvo a olvidar la interna, esa a nadie le interesa. Y sonrío ante el resto, y claramente delante de ti, no te daré razones para creer que eres culpable de este destrozo interno. Cerraré los ojos e intentaré borrar tu sonrisa de mi mente, será difícil pero sé que podré esconderla en algún lado donde yo no alcance. No quiero olvidarte pero tampoco tenerte presente cada vez que escuche una canción, cada vez que pase por delante de tu casa. Solo quiero sonreir aunque a día de hoy tu me hayas olvidado y yo te siga apreciando. Pero ya te lo he dicho, yo no te olvidaría nunca.


Solo te pido, no vuelvas. Y si vuelves que no sea tarde, porque llegará un momento en el que tendré las cenizas de este fuego tan escondidas que no seré capaz de encontrarlas. Solo te digo, gracias. Porque me has recordado que no debo confiar, que no debo perder mis manías de protección ante nadie. Que no debo dejarme llevar y que cuando dicen "soy diferente" es una mentira más.

Sábado

Era una tarde lluviosa, tanto en mi casa como en la de toda la región, pero no importaba porque seguiría siendo sábado para todo el mundo.

¿Tan importante era el sábado? Depende de la cultura, en España, donde yo vivo, probablemente era un día muy importante de la semana. Era el medio de un pequeño relax que llamamos fin de semana. Los sábados todo el mundo sale de su casa, va al parque, al centro comercial y aprovechan para realizar aquellas tareas que les resultaría pesadas llevar a cabo un domingo. Por la noche, todo el mundo sale de fiesta, disfrutando de la sensación de libertad de que al día siguiente es domingo(recalco) y por lo tanto, podrán dormir hasta tarde y disfrutar del resto del día bajo una manta, o para los estudiantes un poco retardados con su tarea, realizarla durante ese día. Pero en ese preciso instante, era sábado.

No sabía nada de lo que me esperaba ese día, tampoco esperaba que ocurriese nada interesante solo me senté en mi cama y cogí el ordenador. Merodear por todas las redes sociales era mi plan de ese día, e ir a ver jugar a mi equipo al estadio, eso era de esperar. Y lo cumplí, claramente, con lluvia incluida estaba sentada esperando ilusionada por mi equipo.

Era un sábado, y yo no tenía planes, lo que suele ser bastante raro dada "mi vida social" pero en nuestra vida siempre necesitamos algo que nos haga pararnos y disfrutar de un día tranquilo. La lluvia incitaba a que el sábado fuese mi día, mi manta, mi película, solo me faltaba el amor de mi vida al lado. Obvio, no tengo amor de mi vida y sinceramente, creo que tampoco llegará. No soy muy amante de las historias románticas, nunca lo fui, y con los palos que me he llevado creo que ahora lo soy menos.

¿Hombres? Sí. ¿Relaciones? No. Sonará a típica chica que va pidiendo guerra, pero la verdad es que no tengo una larga lista.

Era sábado y estaba sentada en mi sitio habitual de los partidos, suelo ir sola porque mis amigas no son muy futboleras, pero eso para mi es una parte de mi vida bastante importante y no puedo evitar ir. Pero ese día fue diferente, fue el día que conocí a Tyler. Es un chico moreno, más o menos de mi estatura y a la vez un cuerpo impresionante, una sonrisa de escándalo... Y el carácter más arrogante que me pudiese imaginar.  


- ¿Puedes quitar tu maldito bolso de mi posible asiento? -dijo con toda su arrogancia inscrita en su cara.

- ¿Perdón?

- ¿Estás sorda además?  

- No, y solo por tu petulante forma de hablarme no pienso mover mi "maldito bolso" de ese sitio.  

- Tu verás si prefieres que lo mueva yo.

- ¿Con amenazas además? ¿Ni siquiera sabes preguntar si está ocupado niñato?

- Venga ya, con tu cara de amargada no deberías tener ni una sola persona que quisiese acompañarte, pero tranquila, es normal. Nadie quiere amargadas en su vida.

- Tu sí que estás amargado subnormal.


Simplemente cogí mi bolso e hice ademán de irme. No iba a amargarme uno de los mejores partidos de fútbol eso estaba claro, pero cuando noté su sonrisa de orgullo pintada en su cara por haberme largado, volví a sentarme. No iba a hacer el gusto.

- ¿No te ibas princesa?

- ¿Y hacerte el gusto? No príncipe azul. Si no me quieres cerca, te levantas y te vas.

No sé si me arrepiento o me alegro de que ocurriese, lo que no puedo negar es que fue el mejor partido de mi vida.