Nunca supo ubicar el origen de su odio a las relaciones, aunque más que odio era pánico. Ese temor a volver a ser dañada, sufrir, a llorar por alguien. No se permitía dar su corazón a nadie, se sentía bien en relaciones donde nadie la conociese, le permitía olvidar rápido y no tener que lamerse las heridas en su soledad. Ahora era sólo ella, ella y su dignidad, ella y su orgullo que la hacían esconderse bajo miles y miles de capas. Improvisó un guión en su vida, creó unas normas que la protegerían de cualquiera que quisiera acercarse más allá de sus límites. Pero sabía que no duraría para siempre…
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