Era una tarde lluviosa, tanto en mi casa como en la de toda la región, pero no importaba porque seguiría siendo sábado para todo el mundo.
¿Tan importante era el sábado? Depende de la cultura, en España, donde yo vivo, probablemente era un día muy importante de la semana. Era el medio de un pequeño relax que llamamos fin de semana. Los sábados todo el mundo sale de su casa, va al parque, al centro comercial y aprovechan para realizar aquellas tareas que les resultaría pesadas llevar a cabo un domingo. Por la noche, todo el mundo sale de fiesta, disfrutando de la sensación de libertad de que al día siguiente es domingo(recalco) y por lo tanto, podrán dormir hasta tarde y disfrutar del resto del día bajo una manta, o para los estudiantes un poco retardados con su tarea, realizarla durante ese día. Pero en ese preciso instante, era sábado.
No sabía nada de lo que me esperaba ese día, tampoco esperaba que ocurriese nada interesante solo me senté en mi cama y cogí el ordenador. Merodear por todas las redes sociales era mi plan de ese día, e ir a ver jugar a mi equipo al estadio, eso era de esperar. Y lo cumplí, claramente, con lluvia incluida estaba sentada esperando ilusionada por mi equipo.
Era un sábado, y yo no tenía planes, lo que suele ser bastante raro dada "mi vida social" pero en nuestra vida siempre necesitamos algo que nos haga pararnos y disfrutar de un día tranquilo. La lluvia incitaba a que el sábado fuese mi día, mi manta, mi película, solo me faltaba el amor de mi vida al lado. Obvio, no tengo amor de mi vida y sinceramente, creo que tampoco llegará. No soy muy amante de las historias románticas, nunca lo fui, y con los palos que me he llevado creo que ahora lo soy menos.
¿Hombres? Sí. ¿Relaciones? No. Sonará a típica chica que va pidiendo guerra, pero la verdad es que no tengo una larga lista.
Era sábado y estaba sentada en mi sitio habitual de los partidos, suelo ir sola porque mis amigas no son muy futboleras, pero eso para mi es una parte de mi vida bastante importante y no puedo evitar ir. Pero ese día fue diferente, fue el día que conocí a Tyler. Es un chico moreno, más o menos de mi estatura y a la vez un cuerpo impresionante, una sonrisa de escándalo... Y el carácter más arrogante que me pudiese imaginar.
- ¿Puedes quitar tu maldito bolso de mi posible asiento? -dijo con toda su arrogancia inscrita en su cara.
- ¿Perdón?
- ¿Estás sorda además?
- No, y solo por tu petulante forma de hablarme no pienso mover mi "maldito bolso" de ese sitio.
- Tu verás si prefieres que lo mueva yo.
- ¿Con amenazas además? ¿Ni siquiera sabes preguntar si está ocupado niñato?
- Venga ya, con tu cara de amargada no deberías tener ni una sola persona que quisiese acompañarte, pero tranquila, es normal. Nadie quiere amargadas en su vida.
- Tu sí que estás amargado subnormal.
Simplemente cogí mi bolso e hice ademán de irme. No iba a amargarme uno de los mejores partidos de fútbol eso estaba claro, pero cuando noté su sonrisa de orgullo pintada en su cara por haberme largado, volví a sentarme. No iba a hacer el gusto.
- ¿No te ibas princesa?
- ¿Y hacerte el gusto? No príncipe azul. Si no me quieres cerca, te levantas y te vas.
No sé si me arrepiento o me alegro de que ocurriese, lo que no puedo negar es que fue el mejor partido de mi vida.
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