martes, 1 de marzo de 2016

Martes


Y sintiendo como las lágrimas caían se negó a seguir llorando por alguien sin nombre en su vida ya, cerró los ojos y dejó que los recuerdos volasen lejos. Nunca entendería porque cada vez que alguien la rozaba de esa manera sentía ganas de huir, creía olvidado todo el dolor pero los nervios volvían cada vez que llegaba un solo sentimiento, sí, esa no era ella. Le había costado mucho tiempo ser la dama de hierro, aquella chica que veía pasear el amor como si fuese un desfile ajeno a ella como para que cualquiera saltase la muralla. Se volvía a escudar en las mil y una excusas que tenía. Ojalá pudiese ver en lo que ella se había convertido, ojalá pudiese ver el sufrimiento que cargó para ser como es ahora. Y aún así, ella era la que seguía llorando y la que merecía sonreír.


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